28 Abr 2026, Mar

En la antesala de una nueva jornada electoral, Bogotá enfrenta un problema que no es menor ni es nuevo: el caos en la recolección de basuras. Todas las localidades lo sienten y los vecinos lo sufren. No se trata solo de bolsas acumuladas: se trata de un modelo centralizado que no logra responder a las necesidades de una ciudad tan grande y diversa.

Hoy por hoy, la recolección está en manos de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP), un ente distrital que, pese a sus esfuerzos, se queda corto ante las dimensiones de la ciudad. Imaginemos a Kennedy, con más de un millón y medio de habitantes, lidiando con escombros, residuos enormes, muebles viejos abandonados y una gestión de residuos que no da abasto. El resultado siempre va a ser inseguridad, roedores, accidentes, y una calidad de vida que se deteriora.

Por eso proponemos llevar al Congreso este debate que parece algo sencillo, pero realmente transformador para la vida de más de 10 millones de ciudadanos: modernizar el Estatuto Orgánico de Bogotá (Decreto Ley 1421 de 1993) y ajustar la Constitución para que las alcaldías locales tengan elección popular, presupuesto y autoridad administrativa. En otras palabras, que cada localidad pueda gestionar su propio esquema de aseo, con presupuesto y facultades de contratación pública de operadores, con lo cual se le quita al centralismo capitalino el incontrolable poder presupuestal para que ponga todos los contratistas multimillonarios y se democratice en entes locales bajo la veeduría ciudadana .

¿Por qué es urgente? Porque no todas las localidades son iguales. Lo que necesita un sector como Kennedy no es idéntico a lo que requiere Usaquén o Fontibón. La basura no es solo basura, pues es realmente un síntoma de un modelo centralista que no se ajusta a una ciudad de 20 localidades con realidades distintas. Si cada alcalde local tuviera la capacidad de contratar su propio esquema de recolección, se podrían atender las particularidades de cada territorio,  y estamos hablando de solo logística; se trata de dignidad. Al descentralizar la gestión del aseo, se empodera a las comunidades, se reduce la burocracia y se mejora la respuesta ante una problemática que afecta desde la salud pública hasta la seguridad de los barrios.

En síntesis, y con una mirada expositiva, lo que proponemos es simple: que Bogotá deje de ser un gigante con pies de barro en materia de limpieza urbana. Que la ciudad se entienda a sí misma en su diversidad y que cada localidad tenga la capacidad de resolver sus propios retos. Nosotros, desde el Congreso, proponemos abrir la puerta a una Bogotá más descentralizada, más eficiente y más cercana a su gente, lo que comienza porque Bogotá descentralice la recolección de basuras.