30 Abr 2026, Jue

Desarrollo por el Ambiente: La Apuesta Necesaria que Plantea Luisfer

En Bogotá nos hemos acostumbrado a un debate público donde las palabras “desarrollo” y “ambiente” parecen condenadas a estar en lados opuestos. Como si construir fuera el enemigo de conservar y como si proteger los recursos naturales implicara detener cualquier avance. Esta visión, además de simplista, ha frenado a la ciudad durante décadas. Por eso la propuesta de Luisfer, candidato a la Cámara por Bogotá, resulta refrescante: entender el desarrollo por el ambiente como una alianza, no una contradicción.

Luisfer ha puesto sobre la mesa algo que pocos se atreven a plantear con claridad: Bogotá necesita infraestructura ambiental si quiere sobrevivir, y esa infraestructura no se financiará sola. Obras como la ALO, la PTAR Canoas, la ampliación de Chingaza, o los proyectos integrados de agua + energía, no son lujos ni caprichos tecnocráticos: son la columna vertebral de una ciudad que aspira a seguir siendo habitable.

Muchos discursos ambientalistas parten de la idea de que toda intervención humana es perjudicial. Pero la realidad es que Bogotá ya está intervenida, presionada y vulnerable. Seguir sin actuar no preserva el ambiente: lo degrada. La contaminación del río Bogotá no desaparece con discursos. La inseguridad hídrica no se resuelve con comunicados. La movilidad asfixiante no mejora con hashtags. En cambio, sí mejora con inversiones serias y decisiones valientes.

Y aquí es donde Luisfer propone un giro sensato: financiar obras que protegen lo ambiental mientras impulsan el crecimiento económico. No es extractivismo disfrazado, ni “progreso” a cualquier costo. Es, más bien, reconocer que una ciudad de ocho millones de habitantes requiere infraestructura a la altura de sus desafíos. ¿Por qué estas obras importan realmente? La ALO moderniza la movilidad y reduce emisiones; la PTAR Canoas es la obra ambiental más grande del país; la ampliación de Chingaza garantiza seguridad hídrica en tiempos de crisis climática; y los proyectos agua + energía aseguran estabilidad futura. Cada uno de estos proyectos cuesta dinero, pero no hacerlos cuesta más: en salud pública, pérdidas económicas y daño ambiental irreversible.

Luisfer entiende una verdad incómoda: el ambientalismo serio no puede basarse en consignas. Requiere financiamiento, planeación y obras. Proteger a Bogotá significa construir. Y ese mensaje, aunque incómodo para algunos sectores, es el tipo de claridad que la ciudad necesita. En tiempos donde muchos candidatos prefieren repetir lo que suena bien en redes, la propuesta de Luisfer destaca porque combina realismo técnico con responsabilidad ambiental. Apostarle a su visión es apostar por una Bogotá que deja de improvisar su futuro y entiende que el ambiente no es un muro para detener el progreso, sino la base sobre la cual se construye una ciudad más justa y más viva.

Y en ese camino, propuestas como las de Luisfer no solo son bienvenidas: son necesarias.

Elaborado por: Juan Serrano